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LEOPOLDO MINAYA Entrevistado por la revista literaria "Vetas de la Cultura Dominicana y el Caribe"

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Año V. Santo Domingo, República Dominicana.

Septiembre de 1998.

RD$40.00 USA y Puerto Rico US$5.00

 

(Fragmentos)

Clodomiro Moquete (Vetas) …Siento que, así de repente, si tenemos que juzgar algo acerca de tu poesía, me parece que es tan clásica y tan formal que casi es eminentemente técnica, si eso es posible y sin que desmejore ni disminuya mi criterio de lo que es tu poesía, porque he opinado que eres un poeta formadísimo y que entregas al lector algo digno de estudio. No sé como vas a catalogar esto.

 

Leopoldo Minaya:  Efectivamente, tengo una gran preocupación formal , aunque no es formal exclusivamente; en mi preocupación literaria convergen los dos elementos, la inquietud por la forma y la inquietud por el contenido, en la dicotomía que se ha establecido desde siempre en el análisis de un texto.

 

   La inquietud formal me viene por el hecho mismo de que quise desde el primer momento escribir una literatura que fuera a tono con mi naturaleza, con mi espíritu, con mi esencia, al par que reflejara fielmente mi apreciación del mundo, del hombre y de las cosas. He hecho la literatura que quise escribir y no la que me ordenaron otros, con alegatos, ideas y sistemas de ideas que por lo demás se han revelado pasajeros…. Hice un estudio de la poesía medida y acentuada hasta la “libertad” de los tiempos actuales, y dije: ¿Qué quiero hacer?” ¿Cuál está más a tono con mi naturaleza y con la naturaleza de lo que me toca decir? Me di cuenta de que la solución era un sincretismo, una simbiosis entre lo clásico y la modernidad, una juntura de todos los elementos tradicionales y todos los elementos modernos que fueran beneficiosos a los fines de escribir una gran poesía, aunque no estoy diciendo con eso que escribí una gran poesía, ni que la esté construyendo, sino que me aferré a la intención de construirla.

 

 

C.M. Esto quiere decir que el trabajo tuyo es elaborado, es una elaboración mental más que la improvisación del poeta inspirado.

 

Leopoldo Minaya: Ambas cosas, ambas cosas. La inspiración naturalmente existe;  existe el momento en que estás más en disposición para el acto creativo, eso es indudable, sin embargo también existe el cuidado; se desprende de un poema ajeno que el poeta necesita de la chispa del alma y la paciencia. La chispa del alma se puede equiparar a la inspiración, y la paciencia es el tiempo que necesitamos, entonces, para conocer la técnica, depurarla, pulirla, madurarla.

 

C.M. Hay un problema en la producción artística que consiste en elegir; la elección de lo que se va a escribir, elegir el tema. Me parece que en la producción poética es un asunto básico. Es decir, determinar a qué me voy a referir en el poema, y por lo tanto, ¿qué es poesía? Creo que eres muy diverso y casi disperso en la adopción del tema. Has analizado el tema como parte de tu estudio en la poesía? 

 

 

Leopoldo Minaya: Se puede escribir con tema elegido, pero al poeta le es más saludable atenerse a la espontaneidad…. Al cabo, la poesía no es el tema, ni la técnica, ni la falta de ellos, es un aliento…. Con respecto a lo otro, estás en lo cierto. Hay diversidad y dispersión temáticas, y lo tomo no como una afrenta, sino como un elogio para mi producción poética; ambos vocablos tienen connotaciones distintas, uno incluso tiene una negativa carga negativa: la dispersión, porque en lo más profundo e inconsciente de nuestra psiquis contradice el precepto moral de que la unión hace la fuerza, pero la poesía no está sometida ni siquiera a la moral ni a la fuerza ni a las uniones, por lo que el mismo concepto de dispersión le beneficia: dispersar es poner en fuga… poner el fuga el genio, el talento o la imaginación hacia una multiplicidad… Creo, junto a los ingleses que la variedad es la esencia de la vida, y presentar un poemario con tema vario para mí puede resultar tan exquisito  y tan procedente como presentarlo con un solo tema. La relación entre el tema único y el tema vario en la historiografía poética universal puede ser de cien a uno en favor del tema vario, siendo conservadores….. lo que cuenta es el resultado, que lo que tengamos frente a nosotros sea una obra de trascendencia y llena de espiritualidad.

   Pero he aquí la unidad dentro de la dispersión: el tiempo es el ente unifícador de mi obra poética.

 

C.M. Tienes mucho de filósofo. ¿Hay momentos en que podrías sentirte más filósofo que poeta?

 

Leopoldo Minaya:  No creo. Con el perdón de los filósofos, la poesía es un estadio superior al de la filosofía. Creo que toda poesía engloba una filosofía y no siempre una filosofía engloba una poesía. Soy un poeta y al ser poeta me siento en contacto con el flujo universal, con el orden del cosmos, y si se quiere en contacto con Dios, suprema sabiduría, alta poesía y máxima abstacción del hombre…. Porque el poeta es una especie de heraldo, mensajero de una fuerza natural o sobrenatural que llama al equilibrio, tengo necesariamente un compromiso con este arte. . Por eso, como dije al principio, he cuidado bastante la forma en que debo presentar lo que digo, como hecho y como discurso en sí,  porque tiene que ser algo que necesariamente tenga interés universal, y que mueva o el corazón o el pensamiento o la reflexión  de cada ser humano sobre la tierra.

   Para mí la poesía no es un juego ni campo de experimentos: es la palabra mayor y por eso no me he atrevido ni he aceptado los desafíos malabaristas extremos, exagerados, que han introducido otros escritores en la poesía pues pienso que no han pasado de ser eso mismo, experimentos más o menos felices, pero creo que el discurso sustancial, el discurso ecuménico, el discurso trascendental es el que tiene que ir colocado cardinalmente en toda producción poética.

 

C.M.  En tu libro has emitido un mensaje que el lector no va a captar con tanta facilidad, como son algunos ideogramas matemáticos. Y estás haciendo matemáticas en poesía. Yo quisiera que tú me expliques eso.

 

Leopoldo Minaya: Sí, la matemática es una manifestación numérica de la poesía. La matemática es la poesía cifrada en números. Pero si usted no lo entiende así, mi amigo Clodomiro Moquete, le diré entonces que si no son disciplinas que se confunden, por lo menos, desde mi punto de vista, están muy acercadas, porque las matemáticas son exactas, y el poema tiende a la perfección, términos equivalentes.

    Tal vez mi atracción por las matemáticas es lo que me ha permitido conservar, al lado del verso libre, las reglas tradicionales de la poesía; reglas que fueron paulatinamente abandonadas y excepcionalmente retomadas durante todo el decurso del siglo veinte, sin nunca desaparecer; cambiadas por otro sistema de versificación cuya primera regla era rechazar en lo más posible las reglas… con lo que quiero significar que todo arte está necesariamente sometido a reglas que conforman la técnica… Bien, las matemáticas son la simetría, la exactitud, la proporción, la razón, la equidistancia. Vi belleza en la expresión de esos conceptos, en lo patético de su realidad; veo belleza en los ángulos, el triángulo, las cúpulas geodésicas, en los conos, en toda figura geométrica. De hecho los senos femeninos en su punto de esplendor son dos conos, y los conos son triángulos en rotación alrededor de un eje imaginario que podría ser, por ejemplo, la línea de dirección de la mirada. Pienso que todo cuanto existe responde a una inteligente combinación de ecuaciones matemáticas. Entonces, ¿por qué renegar del verso simétrico? ¿No hay belleza en la simetría? A veces la simetría es la única opción para hallar belleza: en los arcos dentarios, por ejemplo…. Y aun esto es relativo. Plejanov nos cuenta de la sorpresa y el desconcierto de un jefe de tribu en África cuando un hombre occidental le pregunta por qué las mujeres de su tribu se hacen extraer los incisivos superiores, quedando medio desdentadas. Y el responde: “!Oh, para embellecerse!” Pero esta refutación, aun así, parece conveniente: demuestra la relatividad de las apreciaciones y ello es defensa del verso medido y del otro también.

 

C.M. …Para la generalidad de los humanistas la matemática es algo que no tiene nada que ver con ellos. Sin embargo una persona como tú hace uso de esa materia. ¿Qué importancia tiene en la vida de un poeta?

 

Leopoldo Minaya: Intuitivamente me percaté del imperio de las matemáticas. Luego durante mis estudios surgió una pasión hacia ellas. Pitágoras me reforzó esa pasión… todo está vinculado con las matemáticas. El número se impone como se impone la idea y se impone la palabra, incluso más que la idea y más que la palabra. Precisamente mi soneto “El Número” es una explicación, en poesía, de la trascendencia de ese elemento, que es una categoría, una posición y un valor. Mi soneto “Carta a mi Padre” contiene una explicación incidental relativa a los números primos, aquellos que sólo se pueden dividir exactamente entre ellos mismos y la unidad, como el trece, el siete, etc. Digo: “Los números primos, en su entereza y orgullo…” números que son portadores de actitudes esencialmente humanas.

 

C.M. Mira, en una ocasión Joaquín Balaguer dijo algo que lo retrata muy bien. Dijo el que él cree que existe algún Dios, un creador, pero que él, Balaguer, cree que después de la muerte no existe vida. Es decir que el está preparado para terminar todo cuando termine su último pálpito. He notado en tu discurso bastante misticismo. Háblame de esto.

 

Leopoldo Minaya: Esa opinión la emitió Joaquín Balaguer en sus memorias: “Memorias de un Cortesano de la Era de Trujillo”, la leí con sumo interés y creo que es la parte más brillante de todo ese libro. Mira aquí dos contradicciones, al menos dos paradojas. La parte más obscura de ese libro, porque habla de la muerte y de lo ignoto, es la parte más brillante, y lo que debería ser la parte más brillante, porque es una página en blanco, es la parte más oscura, sin dejar de hablar de la muerte y de lo ignoto…. Negar la vida después de la muerte no aparece de manera clara y concluyente. Balaguer deja también espacio al escepticismo cuando expresa: “Nunca he podido sobreponerme a la duda de que el sepulcro es el término de todas las apetencias humanas” cuando toca lo atinente a la herencia y el atavismo…… y también se va a la acera de enfrente,, en una libérrima extrapolación, cuando afirma que ni Shakespeare ni Sófocles ni Pascal ni Miguel Ángel morirían jamás, porque  “Dios reservó la gloria de perdurar aún más allá de la tumba a ese pequeño senado de genios universales” Pero es claro que se refiere a la pervivencia de lo que fue una vez un intelecto.

 

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